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Jacinta y Francisco – Sol de Fátima

JACINTA Y FRANCISCO

UN LUGAR PARA NIÑOS Y JÓVENES

P

or supuesto, en nuestro Apostolado hay un lugar muy especial para los niños y los jóvenes.

“No debéis creer que la menor edad sea un obstáculo al camino hacia la perfección incluso consumada, es decir la santidad”, había dicho el Papa Pío XII, y años antes su predecesor San Pío X, había exclamado: “Habrá santos entre los niños“.

Como una introducción transcribimos una parte de la entrevista que nuestro director el P. Carlos Lumbreras le hizo al Sr. Obispo de Leiria-Fátima, D. Alberto Cosme do Amaral, en la cual la pregunta que se le realizó fue que a su juicio cuáles eran las facetas de la vida de Francisco y Jacinta que destacaría más como modelo para los jóvenes de hoy y su respuesta fue:

«Destacaría, para los jóvenes de hoy, los sacrificios y mortificaciones de Jacinta y Francisco. Una de las pruebas más claras de la sobrenaturalidad de los acontecimientos de Fátima está precisamente en la transformación profunda que se operó en la vida de los niños. Las peticiones de sacrificio, por parte del ángel y de Nuestra Señora, se grabaron tan profundamente en el alma de los dos pastorcitos que les provocaron verdadero hambre de renuncia y mortificación.

Para la mayoría de los jóvenes de hoy, el placer es la norma suprema de vida. Rechazan radicalmente los principios éticos y morales que la Iglesia, y hasta la propia sociedad, han preconizado a los largo de siglos. Ahora bien, la mortificación voluntaria es absolutamente necesaria para la formación de la persona humana.

Según los expertos en ciencias humanas, el niño, o el adolescente, o el joven, que crecen satisfaciendo todos sus gustos o caprichos, que sólo siguen su instinto, que no practican el autodominio, la autodisciplina, nunca serán personalidades fuertes y vertebradas. Nunca serán verdaderamente libres, porque son esclavos de su egoísmo e individualismo. No saben que es la soberanía del espíritu la que distingue al hombre del simple animal.Ahí tenemos ese cortejo inmenso de víctimas de la droga, la exageración sexual, el alcoholismo, que parecen más despojos humanos que verdaderas personas. Lo que caracteriza al hombre como tal no es su instinto, común con el animal, sino las facultades superiores del espíritu: inteligencia para conocer la verdad y voluntad para amar el bien. Y, si hablamos de los jóvenes cristianos, cómo pueden olvidar que son discípulos de Aquel que dijo: “¡El que quiera ser mi discípulo que renuncia a sí mismo!“. La renuncia es esencial a la vida cristiana.

El mensaje de Fátima es juvenil, porque es exigente; que los jóvenes dejen las cosas fáciles para los viejos o envejecidos en el alma.Toda ascensión, toda metamorfosis, necesariamente tiene que doler. Es el precio de ser hombre, el precio de ser cristiano. Antes morir que pudrirse.»

Sus historias
N

ació en Aljustrel el 11 de marzo de 1910 y fue bautizada el 19 de ese mismo mes.

Víctima de una neumonía, enfermó en diciembre de 1918. Estuvo internada en el hospital de Vila Nova de Ourém, y luego en Lisboa, en el hospital de doña Estefanía, donde murió a las 22:30 del 20 de febrero de 1920.

Se llevó el cuerpo al cementerio de Vila Nova de Ourém; el 12 de septiembre de 1935 fue trasladada al cementerio de Fátima y el 1 de mayo de 1951 se trasladó su cuerpo finalmente a la basílica del Santuario.

Su vida se caracterizó por el espíritu de sacrificio, el amor al Corazón de María, al Santo Padre y a los pecadores.

Llevada por la preocupación por la salvación de los pecadores y el desagravio al Inmaculado Corazón de María, de todo ofrecía un sacrificio a Dios, como le recomendara el Angel, diciendo siempre la oración que Nuestra Señora les había enseñado: ” Oh Jesús, es por vuestro amor, por la conversión de los pecadores ( y añadía por el Santo Padre) y como reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María”.

N

ació en Aljustrel, Fátima, el 11 de junio de 1908. Fue bautizado el 20 de junio de 1908.

Enfermó de neumonía en diciembre de 1918. Y falleció en Aljustrel a las 22 horas del 4 de abril de 1919.

Fue enterrado en el cementerio de Fátima y después trasladado a la basílica el 13 de marzo de 1952.

Su gran preocupación era la de “consolar a Nuestro Señor”. El espíritu de amor y reparación para con Dios ofendido fueron notables en su vida tan corta. Pasaba horas “pensando en Dios”. Fue un contemplativo.

S

.S. Juan Pablo II beatificó en Mayo 2000, en Fátima a los 2 niños, Jacinta y Francisco, depositarios del Mensaje de la Virgen.

Lucía, la prima, algo mayor, y que vive aún, ha dado retratos significativos de los dos nuevos beatos: Francisco era un niño bueno, reflexivo, de espíritu contemplativo. Jacinta era viva, bastante susceptible, pero muy dulce y amable.

La beatificación tuvo lugar trás acreditarse un milagro atribuido a la intercesión de los 2 niños.

La Congregación para las Causas de los Santos certificó oficialmente un milagro sucedido en la localidad portuguesa de Leiría en 1997. Se trata de la curación de una mujer de 47 años, Emilia Santos, que volvió a caminar después de 22 años postrada en la cama y desahuciada por los médicos.

Según las conclusiones de la Congregación, la curación científicamente inexplicable por los médicos, es atribuible a la intercesión de los dos hermanos pastores, a los que se encomendó la mujer, que el año último viajó a Roma para someterse a exámenes médicos.

Para la canonización se espera un nuevo milagro que será verificado después de la beatificación, por la cual serán declarados santos.

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